Rol On the Line

[Opinión] De como huimos de Europa (o como es que aborrezco el canon europeo de Mundo de Tinieblas)

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A lo largo de los últimos 17 años uno de mis juegos de cabecera, por no decir EL juego de cabecera, fue Vampiro: la Mascarada. Personalmente siempre he sentido mayor afinidad por el tono, el espíritu, ambientación y posibilidades de Hombrelobo: El Apocalipsis pero por diversas cuestiones que vienen al caso Vampiro era el juego de rol que predominaba en mis mesas durante mi adolescencia y en las partidas con mi viejo grupo de juego. Los motivos de esto son principalmente dos, por un lado en nuestra ciudad era más fácil conseguir suplementos de Vampiro (les puedo asegurar que poder comprar mi colección de Hombrelobo de aquellos tiempos resultó arduo) y por otro el origen de mi mesa de juego, que también fue mi grupo de amigos. Nos conocimos en un foro de jugadores de Vampiro locales, aunque al final se hablase de todo en ese oscuro rincón de la web de la primera mitad de la década pasada, y el gusto por los chupasangres estaba instalado entre buena parte de nosotros.

El caso es que al ser un grupo bastante heterogéneo, no estudiábamos juntos ni teníamos la misma edad y la mayoría no se conocía hasta la existencia de dicho foro, que ya venía con sus propias experiencias con el Mundo de Tinieblas se llegó a un consenso: íbamos a seguir el confuso y contradictorio canon del MdT como forma de simplificar el acceso a las crónicas. Sabíamos a que atenernos, aunque nunca siguiésemos esa estúpida metatrama donde Lucita o Vykos eran los protagonistas de la misma, y nos proporcionaba cierta estabilidad puesto que ya conocíamos al menos de pasada a algunos personajes que aparecerían a lo largo de las partidas. Esto no supuso un mayor problema mientras permanecimos confinados en un triángulo urbano nocturno: Nueva York, Chicago y Los Ángeles. Al ser las tres ciudades más grandes los Estados Unidos, o al menos las más desarrolladas en el MdT, y la que los autores conocían mejor a la hora de escribir los suplementos nos sentíamos muy cómodos jugando ahí. Eramos extranjeros en un país lejano, no nos importaba que el Narrador se inventase lugares, leyes o ambientes porque éramos incapaces de saber que lo estaba haciendo.

Europa fue otra cosa. Por un lado había una cuestión del Canon MdT que nos echaba para atrás para jugar en el Viejo Continente ¿por qué? Porque Europa es un territorio dominado por poderosos antiguos y matusalenes apoltronados en el poder de sus monolíticos tronos de granito milenario. Hacerse con el poder, al menos con una parcela del mismo, o un dominio era algo titánico…siempre acabábamos cogiendo a nuestros chupones y los llevábamos al otro lado del charco. Nuestros narradores tampoco ayudaban abusando del cliche “el príncipe ha desaparecido/muerto/entrado en letargo” y tras las primeras veces ya olía a (no) muerto.

Pero luego estaba el hecho de que no dejábamos de jugar en casa, en cierto modo, y entonces ahí es donde las feas costuras del monstruo creado por White Wolf se veían a la luz de la Luna. El Canon de MdT relativo a Europa era algo ridículo, basado en una historia que no fue y transmitiendo un continente que sencillamente no era el que conocíamos (ventajas de ser la primera generación de niños/adolescentes en conocer la libertad de movimiento por la UE, supongo). Y si mirábamos hacia España el monstruo era ya ridículo. No entraré en detalles pero afirmar que el país estaba dominado por el Sabbath, una secta que transforma el territorio en el que vive en un infierno…en un país que puede tener muchos problemas pero no tiene altos índices de violencia. Sencillamente no podíamos jugar en casa porque nos daba la risa (¿corridas de toros ghoul a la noche?¿EN SERIO?).

De modo que nos encontramos en un curioso punto de inflexión. Por un lado nos encantaban los Estados Unidos del MdT, por el otro Europa se nos antojaba una ridícula parodia (posiblemente porque no sabíamos nada de los EEUU por aquellos años). Podíamos, y de hecho lo intentamos, crear una versión de España MdT nuestra que no fuera el colmo de la ridiculez, pero nunca nos poníamos deacuerdo en nada y al hacerlo teníamos la sensación de tener que ampliar más, más y más el campo de acción para que no hubiese demasiadas contradicciones con nuestro querido, y al final casi esclavista, canon. De modo que hicimos el petate, nos embarcamos otra vez al Nuevo Continente y al llegar quemamos el barco para no echar nunca más la vista atrás. No se volvió a plantear jugar en casa ni entonces ni ahora. En este caso la ficción la preferimos lejana.

Y tal vez con un acceso más fácil a armamento letal, pero no seré yo quien lo diga.

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Esta entrada fue publicada en 18 mayo, 2015 por en #4, Opinión y etiquetada con , , , , , , , .

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